Page 52 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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durante doce años por los caminos de Asia reventaría
por todas las costuras. Apenas tenían efectivos para
mantener el orden en las veinte satrapías, Grecia era un
avispero que podía estallar en cualquier momento, sus
propios soldados estaban cada vez más descontentos,
¿y aquel hombre quería llevarlos al otro extremo del
mundo sólo porque le aburría gobernar, organizar y
administrar su imperio como un auténtico rey?
Es un loco peligroso. Hay que hacerlo ya.
Levantó la copa de vino hacia Alejandro:
—¡Estoy deseando llevar el estandarte de nuestro
amado Hefestión para aplastar a esos bárbaros de
Occidente! —dijo, a sabiendas de lo que pasaría luego.
Al ver cómo al rey le huía el color de la cara se sintió
un miserable. Alejandro, a quien siempre le había
gustado compararse con su antepasado Aquiles, tenía
en Hefestión a su Patroclo, y a falta de un Héctor a
quien aniquilar para vengar su muerte, había decidido
celebrar unos funerales extravagantes más propios de
un dios que de un humano. Para ello hizo erigir una
pira funeraria en forma de pirámide de cuya base
sobresalían doscientas cincuenta proas de barcos,
coronada por unas sirenas huecas en cuyo interior se
ocultaban plañideras para entonar los cantos fúnebres.
El conjunto superaba los ciento veinte codos de altura,
y cuando le pegaron fuego (Alejandro había recobrado
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