Page 50 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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—insistió el rey, clavándose el pulgar izquierdo en el
pecho.
—Si quieres Italia te las tendrás que ver con una
ciudad que no te ha mandado embajadores — dijo
Ptolomeo.
—¿Cuál?
—Roma. He hablado con viajeros que vienen de la
Magna Grecia, de Neápolis y Posidonia. Por lo que sé,
los romanos son un hueso duro de roer. Según me han
contado, tienen la disciplina de los espartanos, la
ambición de los atenienses, y son tan numerosos como
estos condenados babilonios. —¡Mejor así!
Necesitamos enemigos de renombre que nos den
gloria. ¿Qué rival de nuestra talla hemos encontrado
desde que vencimos a Poros en la India? —Alejandro
apretó el puño derecho y giró sobre sí mismo,
mirándolos a todos a los ojos, y Lisanias se dio cuenta
de que incluso los más escépticos estaban cayendo bajo
su embrujo...
... Como se dio cuenta Pérdicas, porque a él mismo
se le arreboló el rostro y se le erizó el vello de la nuca.
En Gaugamela, la mayor batalla librada por Alejandro
en Asia, que ocho años después ya era una leyenda
entre los mismos que habían participado en ella,
Pérdicas mandaba una falange de sarisas. Su misión
era aguantar la posición para mantener clavado al
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