Page 497 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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humano,  desde  leyes  hasta  zoología,  botánica,

            meteorología y ensayos sobre los sueños.


                  —Conque  Nicómaco,  ¿eh?  —le  dijo  a  Escipión—.


            ¿No será más bien el hijo de Nicómaco, antiguo médico

            de la corte de Filipo?


                  —No  se  lo  digas  a  nadie  —respondió  Escipión


            mirando a los lados—. Aquí todo el mundo le conoce

            por Nicómaco. Ésa es su voluntad.


                  Néstor asintió. De pronto sintió que las piernas le

            flaqueaban y se sentó. Tal vez había pasado demasiado


            tiempo agachado. O tal vez se acababa de dar cuenta

            de que acababa de rajarle la pleura al antiguo maestro


            de Alejandro.


                  —Así  que  te  escondías  en  Roma,  Aristóteles.  —

            Suspiró,  y  apuró  la  copa  de  vino.  Estaba  deseando


            volver al día siguiente a casa de Escipión y conversar

            con el dueño de la mente más poderosa del mundo.


                  De vuelta en el hogar de los Julios, Néstor cenó con

            Boeto  en  su  cubículo.  Al  parecer,  Gayo  había  vuelto


            mientras  ellos  estaban  en  casa  de  Escipión  para

            después  volver  a  salir.  Era  ya  de  noche  y  el  joven

            paterfamilias  seguía  sin  regresar,  o  en  todo  caso  lo


            había hecho con mucho sigilo: desde aquella habitación

            se oía el portear de los batientes de la entrada y también


            el traqueteo de los carros nocturnos por la cuesta del




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