Page 498 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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Argileto. Boeto se retiró a su pequeña alcoba
improvisada con una cortina y Néstor, mientras
apuraba la jarra de vino, sacó el cuaderno donde estaba
escribiendo la larga carta a Alejandro. Sólo cuando lo
tenía abierto se dio cuenta de que no había
comprobado si el hilo que había dejado entre la tapa y
la primera página antes de salir seguía allí. Bien, ya no
tenía remedio. Tomó el cálamo, lo mojó en el tintero y,
tras anotar con detalle los síntomas de Aristóteles y
cómo había aliviado su empiema, prosiguió:
«Desde que estoy entre los romanos, muchos me
toman por un celta. La razón es que los celtas son más
altos que ellos, de piel más clara y cabellos rubios o
pelirrojos. Pertenecen a un pueblo bárbaro que habita
en la parte septentrional de Italia y aún más allá, en
unas vastas selvas que se extienden allende los Alpes,
una cadena de montes más altos y escarpados que los
Apeninos. Tras practicarle la cura a tu antiguo maestro,
mientras compartía una copa de vino con Escipión, un
esclavo celta de la casa se acercó a mí y me habló en su
idioma creyendo que le entendería, pero no capté ni
una sola palabra. Después me dijo en latín que tal vez
provengo de las tierras que se extienden aún más al
norte de la Céltica, cerca de los confines del mundo,
donde moran los teutones, un pueblo de guerreros aún
más rubios, altos y feroces que los propios celtas.
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