Page 504 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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poco más de dos dedos de madera de pino entre Ada y

            ellos.  Las  palabras  que  había  escrito  en  sus  propias


            notas le vinieron a la memoria.


                  «... nos expresamos con demasiada libertad delante

            de los esclavos; aunque los compramos, los usamos y a


            veces los tratamos como muebles, poseen cinco cosas

            que no tiene ningún armario: dos ojos, dos orejas y lo

            más peligroso, una boca.»


                  —Entonces nos duele el corazón porque guardamos


            los  sentimientos  en  él,  ¿verdad?  —preguntó  Clea,

            poniéndose  la  mano  sobre  el  pecho  izquierdo  en  un

            gesto de refinada inocencia.



                  —En esa misma obra Hipócrates deja bastante claro

            que los sentimientos, las emociones y las ideas se alojan

            aquí  —respondió  Néstor,  tocándose  la  frente  con  el


            índice.


                  Clea se puso de rodillas en la cama y se giró hacia

            él. Las llamas de la lámpara bailaban en sus ojos como


            minúsculos dáimones de fuego y arrancaban reflejos

            de cobre a su pelo. Al tenerla tan cerca Néstor se dio

            cuenta de que el aliento de la joven olía un poco a vino.


            ¿Había bebido para armarse de valor?


                  Vete, se repitió, pensando no sólo en Ada, sino en el

            soldado que montaba guardia al otro lado de la puerta


            y  también  en  el  que  había  venido  a  buscarle  a  su




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