Page 507 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
P. 507

ella. O eso quería creer.


                  El médico se apartó un poco para recostarse sobre

            el codo izquierdo. Los dedos de su mano derecha se


            dedicaron a corretear sobre el vientre y los pechos de

            Clea,  y  después  juguetearon  con  sus  rizos,  que  se


            habían soltado mientras hacían el amor.


                  —Es  como  un  campo  de  trigo  al  atardecer  —

            susurró. Clea sonrió y pensó que le gustaba la imagen.

            Era la primera vez que oía decir algo bonito sobre su


            pelo.  Casi  siempre  se  habían  burlado  de  él,  y  hasta

            habían llegado a sus oídos chanzas sobre si en verdad

            era hija legítima de su padre o más bien descendía de


            algún bárbaro del Mar Océano arribado a Sicilia en una

            nave cartaginesa.


                  —»Más que una antorcha tienes rojo el cabello, y es


            mejor que lo adornes con coronas de frescas flores...»


                  —¿Conoces los poemas de Safo? —preguntó Clea.


                  —«Tu cuerpo perfumado con aceite de nardo y de

            jazmín, recostada en el suave lecho, tierna doncella en


            flor...»  —Néstor  fue  recitando  despacio,  como  si  los

            versos  se  fueran  iluminando  uno  por  uno  en  su

            memoria—. Sí, así es como te he visto al entrar. Es como


            si esto ya lo hubiera vivido... —añadió desconcertado,

            y  sus  pupilas  se  dilataron  como  si  viera  algo  muy


            lejano. Clea se sintió celosa del pasado del médico, pero




                                                              507
   502   503   504   505   506   507   508   509   510   511   512