Page 508 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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la curiosidad la venció.
—Tu esclavo me dijo que no recuerdas dónde
naciste ni quiénes eran tus padres.
Las pupilas volvieron a dilatarse y Néstor apartó la
mano que la acariciaba.
—Boeto es un bocazas. Si de verdad fuese mi
esclavo, le arrancaría la piel a tiras. De hecho, creo que
lo voy a hacer.
Clea le agarró la mano y volvió a ponerla sobre sus
senos.
—Olvídate de él ahora. Quiero que me hables de ti.
Y entonces Néstor se desató, sin saber por qué. Clea
era sólo una cría con la que se acababa de acostar por
primera y última vez, pues no pensaba tentar a la
suerte repitiendo el error. Pero tumbado en la
penumbra de una cama ajena, en una casa extraña y en
una ciudad aún más extraña, rodeado de soldados y
enemigos, de ojos y oídos que les espiaban, se encontró,
sin embargo, cobijado en un pequeño y momentáneo
refugio. Aquella sensación le evocó una infancia que no
podía recordar, y las palabras brotaron solas de su
boca.
—Mi primer recuerdo es que abrí...
... los ojos. Luego se enteró de que en Atenas era el
mes de elafebolión y en Macedonia el de distro. Se
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