Page 513 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
P. 513
instante supo, sin comprender de dónde le venía ese
conocimiento, que era médico. Se zafó de los soldados
y, aún desnudo, corrió hacia la sacerdotisa. Sólo
entonces, al verla de cerca, comprobó que era una
mujer joven, no mucho más de veinte años, y que debía
haber sido guapa. Pero tenía el rostro desfigurado en
un gesto de pavor, las venillas de los ojos le habían
reventado y le salía sangre por la nariz y las orejas.
Uno de los soldados se decidió por fin a taparle con
su propio manto, le levantó y le sacó de allí para
llevarlo ante las autoridades de la Anfictionía que
administraba el oráculo.
—El caso es que entre mis gritos y los de la Pitia,
más de mil personas presenciaron aquella aparición
tan dramática. Entre ellos había muchos consultantes
macedonios, y luego averigüé que bastantes eran
espías de Alejandro. No era raro, porque el oráculo
estaba bajo control macedonio desde los tiempos de su
padre. El caso es que aquello era lo más parecido a una
señal de los dioses que a nadie se le habría ocurrido
imaginar, así que en vez de ejecutarme por el sacrilegio
de colarme desnudo en el áditon me despacharon para
Asia en compañía de Boeto.
–¿Y de verdad no recuerdas cómo llegaste allí?
Néstor se levantó de la cama y recogió la túnica, que
había caído al suelo hecha un gurruño. Sin alzar la voz,
513

