Page 521 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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habrá  quien  razone  con  él.  Debes  terminar  lo  que

            empezaste.


                  —Pero ¿por qué? Si conquista Italia, tu hijo heredará


            un imperio aún más grande.


                  —Mi hijo ya tiene imperio suficiente en Asia. No me

            gusta  Europa,  Pérdicas.  Es  una  tierra  ruda,  tosca  y


            brumosa, y huele a cabra y a humo de leña. Sólo he

            venido aquí para estar cerca de Alejandro y vigilarlo. Y

            para verte a ti.


                  Mientras hablaba, Roxana se frotaba con sus senos


            contra  el  cuerpo  de  Pérdicas,  deslizándose  arriba  y

            abajo. El macedonio estaba cada vez más hundido en la


            cama, como si el colchón fuera de agua, y sentía que si

            ella seguía rozándose así con él iba a licuarse. De esa

            forma era imposible rebatir sus palabras.



                  —Deja  el  oeste  para  Roma  y  Cartago,  Pérdicas.

            Pronto se matarán entre sí. Acaba de una vez con esta

            locura y vuelve conmigo a Asia.


                  —Yo también quiero luchar contra los romanos.


                  —¡Bravo por mi fiero guerrero! —Ella le lamió una


            oreja y a Pérdicas se le puso la carne de gallina desde

            la nuca hasta la punta de los pies—. Hazlo si quieres.


            Pero ¿por qué hacerlo como un vulgar subordinado?

            ¿Por qué vas a dejar que entre él y Crátero vuelvan a

            llevarse  la  gloria,  como  siempre?  Ya  es  hora  de  que




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