Page 526 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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Tras la entrevista, Pérdicas volvió a casa
esforzándose por contener su indignación. Alejandro le
había ordenado partir a Roma como embajador. No era
la primera vez que desempeñaba esa función, pero
Alejandro había añadido:
—Crátero te acompañará. Cuando llegue el
momento de hablar ante el Senado, quiero que le cedas
a él la palabra.
¡Crátero, Crátero, siempre Crátero! Con razón lo
había mencionado Roxana en el sueño. Por lo visto,
Crátero había llegado la noche anterior; y aunque no
llevaba ni un día entero en Posidonia, ni tan siquiera lo
mínimo para familiarizarse con la situación, Alejandro
ya había recurrido a su general predilecto para
humillar a Pérdicas. No le encandilaba la idea de ir a
Roma, pero si al menos hubiese viajado como jefe de la
legación, los romanos y los propios macedonios
habrían sabido que gozaba de la confianza del rey. Pero
¿enviarlo como si fuese un paje, un vulgar novato, con
Crátero a su lado a modo de tutor? Si Alejandro creía
que no era capaz de negociar él solo, ¿por qué no lo
dejaba en Posidonia y lo ponía todo en manos de
Crátero?
Pérdicas le había hecho esa pregunta, aunque
cuidando mucho de apretar las mandíbulas y contener
el tono. Alejandro había aducido razones vagas y poco
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