Page 525 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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y las vacas, cabras y cerdos de los ganaderos.


                  No se veían luces, aparte de los puestos de guardia,

            y el silencio era tal que, aunque el viento era suave,


            podía oírse el flameo del aire en las lonas y banderines

            de  las  tiendas,  y  también  el  rumor  de  las  olas  en  la


            playa.  Pérdicas  terminó  de  atarse  las  sandalias  y

            disfrutó  de  aquel  momento  de  paz  antes  de  que  el

            campamento volviese a la vida.


                  A su derecha sonó un crujido rítmico en el suelo.


            Pérdicas  se  volvió.  Un  pelotón  de  pajes  reales  se

            acercaba a la tienda marcando el paso. Los conocía de

            vista a casi todos. Por un instante pensó que alguien les


            había revelado su traición y venían a ejecutarlo.


                  ¿Pero qué traición? Sólo había sido un sueño.


                  El oficial que mandaba el pelotón se cuadró ante él


            y le dijo que Alejandro reclamaba su presencia.


                  —¿Tan temprano?


                  —En realidad quería verte incluso antes, general —

            dijo  el  paje—.  Hemos  tardado  un  buen  rato  en

            encontrarte.



                  O bien Alejandro no había dormido o bien se había

            despertado  antes  de  cantar  el  gallo.  ¿Significaba  eso

            que el rey seguía alerta y que Roxana le había mentido


            en el sueño, o que decía la verdad y Alejandro había

            vuelto a sus borracheras nocturnas?



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