Page 551 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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latinos ni para batirse con ellos en duelos personales,
so pena de muerte.
El hijo de Imperioso iba al mando de un escuadrón
de caballería que exploraba las laderas del monte. Allí
se topó con una partida de latinos, y uno de ellos lo
desafió con afrentas contra Roma y contra su propio
padre. Tito Manlio lo retó a duelo singular, lo
descabalgó del caballo y lo ensartó con su lanza entre
los vítores de sus compañeros. Pero cuando Manlio
presentó a su padre las armas del enemigo vencido,
Imperioso hizo que lo ataran a un poste. Después,
delante de todo el ejército, un lictor lo degolló con un
hacha por desobedecer las órdenes y degradar con ello
la disciplina. La justicia implacable de Imperioso
provocó aún más horror entre todos porque Tito era su
único hijo.
Ahora, encorvado, surcado de arrugas y con sólo
unas guedejas blancas en las sienes, podía parecer un
abuelo inofensivo. Pero su mirada seguía siendo de
hierro, y en el Senado había pocos más estrictos que él
en la defensa de la mos maiorum, el código de
conducta ancestral de los romanos. Si por él fuera,
todos los senadores seguirían llevando la toga a
cuerpo, como en los viejos tiempos.
—¿Es que aún no te sale la barba? —le dijo ahora a
Gayo—. Pensé que ya tenías edad para estar en el
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