Page 552 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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Senado.
—Barba sí me sale, honorable Manlio. Lo que pasa
es que me la afeito.
—¡Qué manía tenéis los jóvenes de hoy con las
modas extranjeras! —Imperioso se acarició su propia
barba, larga, blanca y algo enmarañada, porque no era
muy amigo de la higiene—. Antes para un romano su
barba era sagrada.
—Sí, ya sé lo que le pasó a Papirio —respondió
Gayo.
Fue inútil. Imperioso se había empeñado en
contarle otra vez la historia de Papirio, el bisabuelo del
dictador, y se la contó. Cuando los celtas tomaron la
urbe, sesenta años antes, los senadores más viejos se
quedaron reunidos a esperar a los invasores mientras
los jóvenes trataban de hacerse fuertes en el Capitolio.
Un grupo de bárbaros que estaba saqueando el Foro
entró en la Curia; al ver a aquellos ancianos venerables
sentados en sus escaños sin moverse ni pestañear, se
quedaron estupefactos, pensando que estaban ante
unas estatuas de tan maravilloso parecido con la
realidad que sólo les faltaba moverse. Un celta
gigantesco decidió divertirse a costa de los senadores y
eligió al que tenía la barba más larga, Papirio, para
darle un fuerte tirón. El anciano, que tenía las mismas
malas pulgas que luego heredaría su bisnieto, le atizó
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