Page 553 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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un bastonazo al celta y le abrió una brecha en la ceja. El

            bárbaro tiró de espada y degolló a Papirio en el sitio, y


            aquella  fue  la  señal  para  desencadenar  una  feroz

            escabechina  en  la  Curia,  donde  murieron  casi  cien

            senadores.



                  —Así que los romanos de entonces no se dejaban

            tocar las barbas por nadie, aunque les costara la vida.


                  —Cierto,  honorable  Manlio  —respondió  Gayo

            Julio,  observando  con  cierto  desespero  que  aún  no


            habían llegado al final de la escalera. El viejo tenía la

            irritante costumbre de detenerse, como si fuese incapaz

            de hablar y caminar a la vez—. Pero hay otras formas


            de verlo. Entre los macedonios es costumbre no llevar

            barba  no  por  refinamiento,  sino  para  evitar  que  el


            enemigo pueda agarrarles de ella.


                  —¡Bah,  esas  costumbres  griegas!  Cuando  ese

            afeminado  se  enfrente  con  nosotros,  ya  veremos  si


            pueden  más  los  que  tienen  barba  o  los  que  no.  —El

            viejo le dio un codazo en las costillas que pretendía ser

            de complicidad—. Ya me han dicho que les diste una


            buena  lección  a  esos  sodomitas.  Tú  llegarás  lejos,

            muchacho. Eso sí, déjate crecer la barba primero.


                  Por fin llegaron ante el templo de Juno Moneta. A

            su derecha se levantaba una cabaña con techo de paja,


            el  auguráculo  donde  se  alojaban  los  adivinos  que

            escrutaban los cielos. De pie en la puerta, apoyado en


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