Page 555 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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cosas muy interesantes.


                  Imperioso  se  detuvo  y  se  apoyó  en  su  bastón.

            Algunos senadores que estaban a punto de entrar en el


            templo  se  hicieron  los  remolones  por  si  caía  alguna

            migaja de conversación.


                  —¿Ah, sí? Cuéntame qué viste.


                  —Sólo  se  lo  puedo  decir  a  los  magistrados  que


            tienen los auspicios, anciano —contestó el etrusco con

            sorna.


                  —¡Anda y que te zurzan, cabeza de aceituna! —le


            respondió  Imperioso  con  el  insulto  que  solía  utilizar

            para los etruscos.


                  Gayo  aprovechó  la  discusión  para  librarse  del


            princeps senatus. Subió los escalones del zócalo y pasó

            al interior del templo. Como era la primera vez que el

            Senado  se  reunía  en  el  templo  de  Juno  Moneta,  los


            senadores no tenían claro dónde sentarse y había cierto

            revuelo de togas blancas arriba y abajo. En el centro de

            la cella se habían colocado cuatro bancos muy largos,


            dejando entre ellos un espacio de unos cinco pasos para

            los  embajadores  y  los  oradores.  Allí  se  acomodaron,

            después de algunos malentendidos y empujones más o


            menos disimulados, los senadores que desempeñaban

            o habían desempeñado cargos importantes: consulares,


            pretorianos, edilicios, pontífices. Los dos cónsules del




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