Page 558 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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quedaría con ella en el Campo de Marte para proteger
la ciudad. Quedaban, pues, cinco legiones libres.
Aunque Papirio no había revelado sus intenciones, casi
todo el mundo opinaba que lo más lógico era nombrar
tribunos con poderes consulares para que las
mandasen.
Había muchos tribunos con más campañas de
experiencia que Gayo, y por supuesto ex cónsules
prestigiosos como Fabio Máximo. En eso los dados
caían en su contra. Por otra parte, él era el vencedor del
Monte Circeo. Jugada de Venus a su favor.
—¡Padres y conscriptos! —anunció la voz hueca del
jefe de lictores—. ¡Lucio Papirio Cursor, dictador de
Roma!
Gayo Julio resopló. Ahora los dados cantaban
«Perro», la peor tirada de todas. Para su desgracia, de
Papirio dependía que le otorgaran el mando de una
legión. Tendría que jugar con astucia para vencer la
antipatía y los celos del dictador.
Papirio entró en el templo flanqueado por sus
veinticuatro lictores. Tras pasar saludando entre los
bancos de los senadores, se acomodó al fondo en su
silla curul, protegido por la estatua de Juno. Bajo el
estrado dispuesto para el dictador se sentó su magister
equitum, que tenía rango de pretor. Para aquel cargo
extraordinario, Papirio había escogido a su amigo
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