Page 559 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
P. 559
Espurio Postumio. Aquello había provocado la
indignación de muchos, pues por culpa de ese hombre
una legión entera había tenido que pasar sin armas bajo
el yugo de los samnitas en el angosto valle conocido
como las Horcas Caudinas. En opinión de Gayo, la
única salida honorable para Postumio habría sido
arrojarse sobre la punta de su espada. Y, sin embargo,
allí estaba ahora, convertido en lugarteniente del
dictador y observando a todos los senadores con su
cara de dispepsia.
Tras realizar los auspicios pertinentes, la sesión
empezó.
—Que pasen los embajadores extranjeros —ordenó
Papirio.
El jefe de lictores golpeó con las fasces en las
baldosas del suelo. Seis hombres vestidos con corazas
de lino y faldares de cuero entraron en el templo.
Cuatro de ellos se quedaron junto a las puertas, y los
otros dos caminaron con paso decidido entre las filas
de los senadores hasta detenerse a pocos pasos del
asiento del dictador. Gayo se fijó en ellos con atención.
Uno de ellos, el más alto, tenía el rostro afeitado y el
pelo de color platino, aunque por su prestancia y su
paso flexible no debía superar en mucho los cuarenta
años. Según las descripciones, no podía ser otro que
Pérdicas, jefe de la afamada caballería de los
559

