Page 560 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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Compañeros.
El otro hombre era más bajo y cuadrado y llevaba
una espesa barba negra. Aquél debía de ser Crátero, el
mejor general de Alejandro.
—Hablad, macedonios —dijo Papirio.
Crátero tomó la palabra. Aunque no tenía una
estampa tan apuesta y noble como Pérdicas, se veía a
las claras que era un hombre acostumbrado a mandar.
Ni Papirio ni sus veinticuatro lictores ni su silla curul
le impresionaban en lo más mínimo. Sin duda, pensó
Gayo con envidia, sus pies habían hollado suelos
mucho más lujosos que los del templo de Juno Moneta.
—Gratias uobis ago, patres et conscriptoi —empezó
en latín, confundiendo el vocativo. Después prosiguió
en griego, haciendo una pausa tras cada frase para que
el intérprete tradujera sus palabras—. Debo pediros
disculpas porque no soy un fino orador ateniense, sino
sólo un veterano general macedonio que a fuerza de
campañas tiene cada vez más cicatrices en el cuerpo y
menos dientes en la boca, así que trataré de ser breve y
claro.
Los senadores saludaron este comentario con risas
corteses. Gayo pensó que Crátero quería captar la
benevolencia de aquel consejo plagado de antiguos
generales presentándose como un colega en las artes de
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