Page 567 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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Crátero giró sobre sí mismo muy despacio para que
todos los senadores pudieran verle bien, despegando
los brazos del cuerpo y mostrando las palmas de las
manos de modo que supieran que no tenía nada que
ocultar.
—Patres et conscriptoi —dijo. Pérdicas, que no
perdía de vista a Papirio, observó que fruncía el ceño al
comprobar que Crátero no le hablaba directamente a él,
sino que se dirigía a todo el Senado. La de Crátero no
era una buena táctica para congraciarse con el dictador.
«Irritad a esos romanos —les había dicho
Alejandro—. Hurgad bien con el palo en la colmena,
para que salgan como abejas furiosas.» El rey no quería
treguas ni pactos. Sólo quería su guerra, su gloriosa
batalla, una nueva Gaugamela. Si tenía que venir él
mismo a Roma a clavar un anillo en los ollares de los
senadores y tirar de ellos como si fueran vacas, lo haría
con tal de arrastrarlos al campo de batalla. Pero
Pérdicas comprendía ahora que no iba a ser necesario:
estos romanos eran tan belicosos como el propio
Alejandro.
—Patres et conscriptoi —repitió Crátero—. Esta es
la propuesta que os hace Alejandro. Roma debe
comprometerse a no llevar ejércitos más al sur de
Tarracina. A cambio, Alejandro hará lo mismo al norte
de Capua. De ese modo quedará una amplia franja de
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