Page 569 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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supondría tener una base naval macedonia a menos de
un día de navegación del Tíber. Y Roma no poseía
barcos para defenderse de esa amenaza.
El anciano al que habían llamado príncipe del
Senado se levantó furioso y agitó su báculo en el aire.
—Dice —tradujo el intérprete— que en otros
tiempos habrían arrojado por la roca Tarpeya a
cualquiera que se hubiese atrevido a pronunciar
palabras tan ofensivas en el Senado.
—Crátero —susurró Pérdicas—. Quizá deberías
suavizar el tono.
–Tranquilo, viejo amigo. Son vehementes, pero no
nos pondrán la mano encima —dijo Crátero, y añadió,
dirigiéndose al intérprete—: ¿Eso es todo lo que ha
dicho el viejo?
—Hay más, señor, pero no me parece decoroso
repetirlo. Espera: el dictador está hablando.
—Traduce.
–Italia debe ser para los italianos, desde el norte
hasta el sur, y eso incluye todas sus islas: Córsica,
Sardinia y Sicilia.
Crátero levantó la voz.
—¿Pretendes expulsar a los griegos del sur de Italia,
donde viven desde hace tantas generaciones? ¿Quieres
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