Page 572 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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En ese momento, alguien salió de entre las sombras
de una de las naves laterales y pasó a la crujía central
por el hueco entre dos bancos. Era joven, como mucho
treinta años, tan alto como el propio Pérdicas y de
complexión atlética. Habló con voz potente y clara, y lo
que dijo provocó la ira de Papirio, que se levantó del
sitial, bajó del estrado y se dirigió hacia él.
—Ese hombre, que se llama Gayo Julio —tradujo el
intérprete—, dice que los prisioneros son suyos y que
debe ser él quien trate sobre su rescate. El dictador le
ha dicho que se calle, que sólo es un senador pedario y
no tiene derecho a tomar la palabra.
Papirio estaba casi encima del joven senador,
clavándole el dedo en el pecho y gritándole entre
escupitajos, pero el tal Gayo Julio no retrocedió. En ese
momento el príncipe del Senado se levantó, se acercó a
ellos y con gesto vigoroso interpuso el bastón entre
ambos. El dictador no tuvo más remedio que
retroceder.
—El príncipe del Senado dice que el tribuno Gayo
Julio tiene derecho a hablar, pues es cierto que los
prisioneros son suyos, ya que fue él quien derrotó a las
compañías macedonias en el Monte Circeo.
—Vaya, ¿conque fue ese barbilindo? —dijo
Crátero—. Un magnífico espécimen de romano, a fe
mía.
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