Page 571 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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y trató de adoptar una pose solemne.


                  —Alejandro  —dijo  el  dictador—  debe  abandonar

            Italia antes de que llegue la próxima luna llena. Si no lo


            hace así, sufrirá el mismo destino que el otro Alejandro

            de Grecia. No está tratando con delicados asiáticos que


            se  perfuman  las  barbas  y  se  rizan  los  cabellos.  ¡Está

            tratando con romanos!


                  Cuando  se  acallaron  las  voces,  Crátero  volvió  a

            hablar.


                  —Transmitiré esa respuesta a Alejandro, aunque no


            deberíais  contar  con  que  siga  vuestras  instrucciones.

            Aunque no os lo creáis, él tampoco se perfuma la barba.


                  —¡Porque no tiene! —exclamó alguien en griego, y


            quienes lo entendieron soltaron la carcajada.


                  —Exactamente —respondió Crátero, acariciándose

            su  propia  barba  con  una  sonrisa  de  buen  humor—.


            Pero antes de que partamos, mi compañero Pérdicas y

            yo quisiéramos tratar un último asunto.


                  El  dictador  mandó  callar  a  todos.  Como  habían

            convenido, Pérdicas se adelantó un poco y dijo:



                  —Alejandro  sabe  que  tenéis  prisioneros  y  quiere

            rescatarlos.


                  —Cuando  esté  de  vuelta  en  Grecia,  puede  estar


            seguro  de  que  le  devolveremos  a  su  esposa  —fue  la

            respuesta del dictador.


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