Page 568 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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seguridad entre los terrenos controlados por Roma y la

            Liga Helénica.


                  Varios senadores se levantaron de sus asientos y les


            increparon.  Alejandro  sabía  de  sobra  que  Roma

            consideraba Campania su granero y su viñedo, y que


            no renunciaría a ella. Su propuesta, que los romanos no

            se acercaran a menos de cuatrocientos estadios de ella,

            era una provocación.


                  —¡Disculpadme,                     senadores!               —dijo           Crátero,


            levantando la mano. Los lictores aporrearon el suelo

            con sus fasces y por fin se hizoalgo de silencio—. Si

            queréis  rechazar  las  propuestas  de  Alejandro,  antes


            deberíais escucharlas todas.


                  —Ah, ¿pero aún hay más? —preguntó un senador

            con sarcasmo, usando el griego.



                  —Alejandro quiere también una base en Olbia, en

            la  isla  de  Icnusa,  a  la  que  vosotros  llamáis  Sardinia,

            para  que  sus  barcos  puedan  navegar  hasta  Masalia,


            nuestra aliada.


                  Pérdicas captó la sorpresa y la indignación entre los

            senadores. Las relaciones entre romanos y masaliotas

            siempre habían sido buenas. Sin duda no sospechaban


            que Alejandro había firmado un tratado con Masalia en

            el que prometía convertir a la ciudad griega en la nueva


            Cartago.  En  cuanto  a  sus  pretensiones  sobre  Olbia,




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