Page 579 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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GEOMETRÍA Y ARTE DE LA ESPADA
El día siguiente a la partida de Pérdicas, su madre
castigó a Neo con tanta severidad como nunca antes lo
había hecho.
Él quería pensar que no se arrepentía y que volvería
a actuar de la misma manera; lo cierto era que no estaba
tan seguro de haber obrado bien y, sobre todo, tenía
mucho miedo.
Por la mañana, en vista de que Berenice no dejaba
de llorar, le habían traído otro cachorro, una perrita que
se parecía a Argo y a la que ella se empeñó en llamar
Medea, por más que su madre le dijo que no era un
nombre de buen agüero. Más tarde llegó la visita
cotidiana de Roxana y su hijo. Las dos cuñadas se
sentaron a charlar en el atrio, mientras Berenice jugaba
con Medea y con Cadmia, muy responsable en su papel
de hermana mayor que debía ayudar a la pequeña a
superar el disgusto. Ego se acercó a Neo con unas tabas
de cordero y le propuso una partida.
—Has sido tú —dijo Neo.
—No he sido yo —respondió Ego—. Argo era un
cachorro precioso. Me da mucha pena lo que le han
hecho —añadió, haciendo un puchero.
Neo prefirió creerle y se sentó a jugar a las tabas con
él sobre un caminito de guijarros que cruzaba el jardín.
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