Page 582 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
P. 582
que se le estaba hinchando la cara y que a pesar de las
compresas de agua fría no dejaba de sangrar—. ¡No
digas eso, Neo! ¡A mí me gustaba mucho jugar con el
perrito! —añadió compungido.
Cleopatra levantó la mano para pegar a Neo por
acusar a su primo; pero Roxana, más serena que la
propia Cleopatra, le dijo:
—No seas demasiado severa con él. Son peleas de
niños.
—¡Neo le saca tres años a Ego! Un macedonio puede
ser muchas cosas —añadió, dirigiéndose a su hijo—,
pero nunca un cobarde.
Ella misma se llevó a Neo a su habitación y le azotó
el trasero con una verdasca de olivo. Neo se mordió los
labios y juró que no lloraría. El dolor era insoportable,
porque Cleopatra le estaba pegando con saña; pero lo
que le atormentaba de verdad era que su madre le
considerara un vil cobarde y al mismo tiempo creyera
que Ego era una criatura tierna y cándida.
—¡Reza por que le quede bien la cara! —dijo
Cleopatra, jadeando por el esfuerzo—. ¡Por cada
cicatriz que le dejes, yo te voy a hacer dos!
De pronto, se detuvo y se apretó el vientre con
ambas manos. Neo pensó que iba a vomitar como otras
veces, pero al torcer el cuello vio que no estaba pálida
582

