Page 581 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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Neo, que se descubrió descargando los puños sobre su

            rostro con más y más violencia. La sangre brotó de la


            nariz de Ego, y también de la ceja. Después le partió el

            labio superior, y al pegar contra el colmillo él mismo se

            cortó en el nudillo, pero ni siquiera eso le detuvo. Sólo


            paró  cuando  unos  brazos  lo  levantaron  en  vilo  y  su

            último puñetazo golpeó el aire.


                  Después de la actuación de Hermes cuando, en su


            primer día de vida, robó las vacas de Apolo y volvió a

            su cuna fingiendo ser un bebé inocente, la de Ego debió

            ser  la  más  convincente  de  la  historia.  Delante  de


            Cleopatra  y  de  Roxana,  lloró  a  moco  tendido  y

            balbuceó  entre  hipidos,  ahogándose  a  ratos  y

            utilizando frases como «Neo me ha dicido», como si de


            verdad fuese un niño de seis años y no un monstruo

            prematuro que sabía amenazar de muerte en dos o tres


            idiomas  sin  equivocar  un  solo  verbo.  Cleopatra,

            indignada, le colmó de besos y abrazos como si fuera

            su propio hijo.



                  —¡Pobrecito mío! Neo, ¿cómo has podido hacerle

            algo así a tu primo?


                  Por supuesto, nadie le creyó cuando dijo que Ego

            había torturado y matado a Argo, pues los gemidos del


            hijo de Alejandro se volvieron aún más lastimeros.


                  —¡Noooo! —lloriqueó, soltando lágrimas y mocos

            como un manantial. A Neo le consoló, al menos, ver


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