Page 583 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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ni tenía arcadas, sino que contraía la frente en gesto de
dolor. Una esclava la sujetó por los hombros para
ayudarla a salir.
—No es bueno hacer esos esfuerzos en tu estado,
señora.
Neo se quedó un rato así, apoyado en la cama con
la túnica remangada sobre la espalda y las nalgas al aire
mientras lloraba en silencio. Después oyó a alguien en
la puerta y se apresuró a bajarse la ropa, aunque las
heridas le escocían con el roce del lino. Había
reconocido la voz de Cadmia y no quería que lo viera
en una posición tan humillante.
—¿Por qué no les has dicho nada? —le preguntó a
su hermana, sorbiéndose las lágrimas—. Tú sabes que
es verdad. Lo hizo él.
Ella le miró con sus enormes ojos azules muy
abiertos, sin pestañear. Estaba temblando.
—Me da mucho miedo. No tenías que haberle
pegado así.
—¿Cómo que no? ¿Después de lo que le hizo a
Argo? ¡Se lo tenía bien merecido!
—¿Y si ahora se venga de nosotros? ¿O de Berenice?
Neo intentó sentarse, pero al apoyar el trasero en el
escabel dio un respingo.
—Deberíamos matarlo. Así ya no podría hacernos
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