Page 584 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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nada —masculló, aunque sabía que era incapaz de
hacerlo.
—¡No digas eso! —exclamó Cadmia, pero
enseguida bajó la voz—. Que no se entere ni siquiera
de que lo piensas. Me alegro de que mamá te haya
castigado a estar encerrado en la habitación. Así no
tienes que verle.
—¿Y quién os va a defender a vosotras?
—Me da más miedo que te haga algo a ti, Neo.
Él agachó la mirada. No quiso contarle a su
hermana lo que le había dicho Ego cuando Roxana les
obligó a estrecharse la mano y darse un abrazo.
—No te preocupes —le había susurrado al oído—.
No te mataré por esto.
—Claro que no. Ya has visto que te puedo.
—Cuando sea rey —continuó Ego, sin hacerle
caso—, mataré a muchos, pero a ti no. Me divierto
mucho contigo. Verás qué bien lo pasaremos juntos.
Primero fueron los rumores del «tío del escudo» y
luego lo comunicó el asistente de Leónato de forma
oficial. Los Agriopaides también podían participar en
el torneo de espada que se celebraría el día 7 de
hiperbereteo. Si el premio de la armadura de cuatro
talentos más un corcel de guerra era suculento para
todos, con más razón para quienes cobraban la mitad
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