Page 587 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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hablar  pedante  y  monótona  y  sus  ademanes

            desgarbados  le  acarreaban  burlas  constantes.  Pero


            como apenas expresaba emociones y resultaba difícil

            saber  si  su  mirada  era  vacía  como  la  de  un  idiota  o

            gélida como la de un asesino, procuraban pincharle con


            cierta sutileza. A Euctemón le daba igual; atormentarle

            con indirectas era como querer atravesar la piel de un


            elefante a alfilerazos. Era incapaz de captar la ironía, y

            las  metáforas  y  comparaciones  lo  desconcertaban.

            Cuando de niños estudiaban los poemas de Homero,


            fragmentos como «Y cubriendo con una rama frondosa

            sus  vergüenzas,  Ulises  avanzó  como  un  león

            montaraz» le sacaban de quicio.


                  —¿Cómo  puede  andar  Ulises  como  un  león


            montaraz que es un animal cuadrúpedo cuando tiene

            que usar al menos una de sus dos manos para sujetar


            la  rama  frondosa  que  le  cubre  sus  vergüenzas?  —le

            decía al maestro de letras que, lógicamente, le daba por

            imposible.



                  Como miembros de la segunda escuadra del quinto

            pelotón, Demetrio y Euctemón dormían en una tienda

            con otros seis soldados. Los habían mandado al fondo,


            el típico sitio que se asignaba a los bisoños en verano,

            porque allí hacía más calor y se acumulaba el olor a

            pies  sudados  y  otros  efluvios  corporales.  Cuando


            llegara  el  invierno,  Demetrio  sospechaba  que  les



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