Page 588 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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tocaría mudarse junto a la puerta para sufrir el frío y

            las corrientes, porque no había forma de que los cierres


            de la tienda ajustaran bien.


                  Aparte de eso, les habían encargado de cuidar a la

            mula  que  transportaba  los  bagajes  del  pelotón,  de


            moler la harina en los molinillos de mano y de cocer el

            pan; pues los Agriopaides, como cobraban menos que

            los demás soldados, compraban sacos de trigo, que les


            salían más baratos que el pan horneado. También les

            tocaba arrastrar fuera las tarimas enrejadas para orear

            mantas y colchonetas, tensar los vientos de las tiendas


            todos  los  días  y  limpiar  letrinas.  Otras  compañías

            tenían sirvientes que se ocupaban de tales menesteres,

            pero  no  así  los  Agriopaides,  que  habían  encontrado


            una mina de oro en la llegada de los novatos.


                  Los  demás  pronto  descubrieron  la  manía  por  el

            orden  de  Euctemón,  pues  cuando  volvía  a  meter  las


            tarimas  en  las  tiendas  no  descansaba  hasta  dejar  las

            esteras extendidas en paralelo, equidistantes entre sí y


            con las mantas perfectamente dobladas en la cabecera.

            Así que empezaron a gastarle bromas tan tontas como

            descolocarle  las  botas,  poniendo  una  con  la  puntera


            mirando  al  este  y  la  otra  hacia  el  oeste,  o  dejarle  el

            yelmo boca arriba como un orinal.


                  Melantio, un soldado de otro pelotón, se atrevió a ir

            más lejos y le escondió el papiro y los tinteros. Para su



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