Page 632 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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comprobó con horror que Festias no sólo fornicaba con

            humanos,  así  como  tampoco  se  limitaba  a  devorar


            carne de bestias.


                  De este modo, Aristóteles presenció desatadas a la

            vez la locura ritual y la erótica, junto con un salvajismo


            sanguinario  que  hasta  entonces  había  creído

            perteneciente a relatos de un pasado mítico. Mientras

            su madre seguía entregada a aquel frenesí dionisíaco,


            el muchacho huyó del claro, volvió a trepar a su alcoba,

            recogió unas cuantas cosas y en plena noche bajó del

            monte Atos a riesgo de despeñarse.


                  Desde  entonces  vivió  con  su  tío  Próxeno,  y  su


            madre debió sospechar lo que había visto, pues nunca

            le pidió que volviera con ella. Un par de años después


            Festias  desapareció,  y  Aristóteles  prefirió  no  pensar

            qué  destino  habría  sufrido,  dónde  podían  estar  sus

            restos o en qué se habían convertido. Huyendo de la


            maldición  familiar,  el  joven  decidió  viajar  a  Atenas,

            donde  había  oído  que  funcionaba  un  templo  de  la


            razón.


                  Así,  a  los  dieciséis  años,  Aristóteles  ingresó  en  la

            escuela de sabiduría de Platón. A las afueras de Atenas,

            en un bosquecillo de olivos consagrado a Atenea y a las


            Musas, había un gimnasio conocido como Academia

            en honor de Hecademo, un antiguo héroe de la ciudad.

            Junto  al  gimnasio  se  extendía  un  agradable  paseo



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