Page 635 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
P. 635

perfecto, inmutable, un reflejo de los cielos en la tierra.

            Sociedades tan arcaicas y cenadas como Creta y, sobre


            todo,  Esparta  se  acercaban  a  ese  ideal,  pero  Platón

            necesitaba algo más. Pensaba que la razón por sí sola

            no podía llegar a la verdad, y que en ocasiones había


            que dar un salto en el vacío para recibir una revelación.

            De  ahí  que  hubiese  decidido  recurrir  a  las  visiones


            místicas.


                  Aquellas prácticas sólo las conocían los discípulos

            más  íntimos,  los  que  pertenecían  al  círculo  interior.

            Platón no quería acabar como su maestro Sócrates, que


            había  sido  condenado  a  muerte  por  un  tribunal  de

            quinientos un atenienses por introducir nuevos dioses

            en la ciudad y corromper a la juventud. Aunque Platón


            era  un  hombre  profundamente  religioso,  temía  que

            alguien pudiera confundir sus prácticas con la brujería.


            Gracias a sus viajes, a sus contactos con pitagóricos y

            miembros de otras sectas, a sus ejercicios ascéticos y a

            sus propios experimentos con diversas drogas, se había


            convertido  en  lo  que  Néstor  había  denominado

            «chamán».


                  En la parte norte del jardín de la finca, escondida


            tras unos espesos setos y sombreada por unos sauces,

            se  levantaba  una  caseta  circular  donde  Platón  se

            retiraba para sus experimentos místicos. En primavera


            del mismo año en que llegó Aristóteles, el primer día



                                                              635
   630   631   632   633   634   635   636   637   638   639   640