Page 636 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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de targelión, con la luna nueva, se encerró allí tras decir

            a todos que partía de viaje al norte. Sólo les confió su


            secreto a su sobrino Espeusipo, que luego heredaría la

            Academia,  y  al  propio  Aristóteles,  pues  había

            comprendido  que  el  joven  estagirita  sabía  guardar


            silencio, virtud poco frecuente en un griego.


                  Tras  pasar  un  día  entero  en  ayunas,  el  maestro

            emprendió el viaje. Acababa de recibir de Persia una


            vasija  con  haoma,  la  bebida  ritual  que  utilizaban  los

            seguidores de Zoroastro, y la mezcló con otra pócima

            que  había  preparado  él  mismo.  Después,  ante  la


            expectante  mirada  de  Aristóteles,  lo  bebió  todo  sin

            apenas  respirar,  se  tendió  en  el  suelo  y  le  pidió  que

            cerrara los postigos.



                  Al  cabo  de  un  rato,  el  maestro  pareció  quedarse

            dormido.  Aristóteles  entreabrió  una  ventana  y

            comprobó que la luz no lo despertaba. Al acercarse más


            a él, observó que su pecho no se movía. Pasado un rato

            se asustó y le acercó a la nariz y a la boca un espejo


            plateado, pero el metal no se empañó.


                  Aristóteles se quedó allí, vigilando el trance de su

            maestro.  El  único  que  entraba  en  la  caseta  era

            Espeusipo, que traía agua y comida para el joven. Los


            dos  eran  de  la  opinión  de  que  Platón  había  llevado

            demasiado  lejos  el  experimento  y  estaba  muerto;

            porque,  aparte  de  no  respirar,  la  temperatura  de  su



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