Page 671 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
P. 671
aprovechando que Cérdidas se había acercado, le
golpeó con todas sus fuerzas en la parte interior de la
rodilla derecha. El tarentino soltó un aullido y
retrocedió saltando a la pata coja entre maldiciones.
—¡Ese cabrón me ha dado un golpe bajo! —Enojado,
tiró el escudo al suelo y se volvió hacia Gorgo—. ¡Tirar
a las piernas es de cobardes!
—Si hubierais peleado con espadas de verdad,
ahora estarías en el suelo y él te habría rematado —le
dijo Gorgo, con los brazos en jarras—. ¿Crees que si les
enseñas a los romanos esas preciosas pantorrillas tuyas
no van a aprovechar la oportunidad de clavarte la
espada en ellas? ¡Vamos, vuelve a la pelea! Vas
perdiendo uno cero.
Cérdidas se mostró más prudente después de aquel
golpe y mantuvo la distancia. La primera vez que él y
Euctemón habían peleado, el tarentino se había
dedicado a rodearle, pero ahora no podía hacerlo. Los
heraldos, que recorrían el campamento cada pocos días
pregonando los cambios en las reglas, habían dicho que
los rivales debían luchar sin salirse de un pasillo de tres
codos de ancho, y que quien pisara las rayas laterales
más de tres veces sería descalificado. El juego de los
pies quedaba reducido a avanzar y retroceder.
Todos estaban sorprendidos, y Demetrio el primero.
Ahora que tenía a un rival frente a él, los obsesivos
671

