Page 675 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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—Su sistema es bueno. Me gusta.
A Demetrio ya había dejado de extrañarle hablar
con aquella mujer como si fuese un barbudo veterano
de las campañas de Asia.
—¿Crees que realmente esto sirve para la guerra? Es
combate individual, no lucha de hoplitas.
Durante la efebía, los instructores militares habían
intentado inculcar en los jóvenes atenienses la idea de
que no eran héroes homéricos y por tanto no debían
buscar la gloria personal en el combate. La verdadera
virtud guerrera de un ciudadano consistía en embrazar
bien el escudo, afianzar los pies en el suelo y luchar
codo con codo junto a sus compañeros, blandiendo la
lanza por encima del hombro. Siempre había que
proteger con el escudo al compañero de la izquierda,
confiar en que el de la derecha haría lo mismo y
mantener las filas compactas. La práctica de la esgrima
se despreciaba un poco, porque se suponía que un
hombre ducho en el combate individual sería más
proclive a abandonar la formación y dejar
desguarnecidos a sus camaradas.
—¿Sabes por qué las normas del certamen obligan a
combatir en un pasillo tan estrecho? —le dijo ahora
Gorgo—. Cuando llegue la batalla, tendremos a un
compañero pegado a cada lado. Por eso Alejandro
quiere que practiquemos la esgrima en estas
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