Page 674 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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probar con diversos motes, todos alusivos a la extraña

            forma  de  funcionar  de  su  mente,  sus  camaradas  se


            habían decantado por el más sencillo, y ahora le decían:


                  —¡Vamos, Loco! ¡Sáltale los dientes al guaperas!


                  Pero  Euctemón  eligió  la  mano  en  lugar  de  los

            dientes, y aprovechando un momento en que Cérdidas


            armaba el brazo para lanzarle otro tajo, le golpeó en los

            dedos con el filo de madera. Cuando el tarentino arrojó

            el  escudo  y  salió  del  círculo  abriéndose  paso  a


            empujones  y  maldiciendo  de  dolor,  los  Agriopaides

            recompensaron a Euctemón con una sonora ovación.

            No era que Cérdidas les cayera mal, pues sus chistes


            verdes  le  habían  ganado  cierta  reputación  entre  los

            macedonios, pero las simpatías de la soldadesca eran


            tan caprichosas como los vientos de Eolo.


                  Aquel día Euctemón venció otros cuatro combates.

            En dos de ellos los rivales consiguieron tocarle con sus


            espadas,  pero  teniendo  en  cuenta  que  eran  hombres

            con  mucha  más  agilidad  y  coordinación  que  él,  sus

            victorias tuvieron aún más mérito.


                  El propio Leónato se había acercado a contemplar


            los  duelos  mientras  roía  una  pata  de  cabrito

            chamuscada.  Gorgo,  que  había  dejado  arbitrar  los

            duelos a Filo para observar mejor su técnica, se acercó


            a Demetrio.





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