Page 669 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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ejército, continuaban con sus duelos de espada, en los

            que el propio Demetrio tomaba parte sin demasiado


            entusiasmo,  y  celebraban  sus  propios  torneos

            apostando  el  sueldo  que  se  les  adeudaba.  Gorgo

            también  participaba  en  ellos  y  ambos  se  cruzaban


            alguna  que  otra  vez.  La  mujer  era  rápida  y  hábil,  y

            golpeaba con decisión. En cuanto a su fuerza, Demetrio


            ya había comprobado en propia carne lo nervudos que

            eran sus brazos y sus piernas; como guerrero, Gorgo no

            era la mejor ni la más fuerte del batallón, sin duda, pero


            superaba  a  muchos  hombres  y  le  sobraban  virtudes

            militares  como  para  formar  en  la  primera  línea  de

            batalla.


                  Euctemón  seguía  enfrascado  en  su  rutina  de  la


            esgrima geométrica. Los demás se habían aburrido de

            mirarle y como mucho se llevaban un dedo a la sien en


            un  gesto  elocuente,  pero  Demetrio  había  observado

            que los movimientos de su hermano eran cada vez más

            rápidos, directos y contundentes.



                  Por  fin,  un  día,  Euctemón  se  acercó  a  la  palestra

            improvisada donde se batían los demás. Señalando a

            Cérdidas con la punta de la espada, le dijo:


                  —Pelea conmigo.


                  El  tarentino  se  volvió  con  sonrisa  fanfarrona.


            Demetrio, que en ese momento se estaba batiendo con

            Filo,  se  interrumpió  para  mirar.  Cérdidas  no  era  el


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