Page 666 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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Roxana se quedó pensando unos instantes, como si

            tratara de recordar.


                  —Sí. Bueno, en realidad no sé si era la fiebre o el


            calor.  ¡No  te  puedes  imaginar  lo  que  es  el  calor

            pegajoso  de  Babilonia!  Pero  me  tomé  esta  cocción  y


            todo salió perfecto. Mira qué niño tan guapo tengo —

            añadió, dedicándole una sonrisa deslumbrante a Ego.

            Maldición, pensó Neo, ¿cómo podía no darse cuenta de


            que su hijo era un monstruo?


                  Cleopatra  probó  la  infusión  y  arrugó  un  poco  el

            gesto.


                  —¿Qué es?


                  —La mayoría de los ingredientes no tienen nombre


            en griego —contestó Roxana, sentándose en la cama y

            aprovechando                    para          ahuecar             un         poco           los


            almohadones—.  Son  hierbas  de  la  India.  Aprendí

            muchos  secretos  cuando  estuve  allí.  Deberías  haber

            conocido a Calano, el gimnosofista. ¡Qué personaje!


                  —¿Ése no fue el que hizo una pira, prendió fuego y


            se metió dentro? —preguntó Neo.


                  —Neo,  no  hables  si  no  te  lo  piden  —le  regañó

            Cleopatra, con voz cansada.


                  —Déjale,  Cleopatra.  Es  bueno  que  sea  un  niño


            curioso.


                  —Roxana le miró y pareció hablar sólo para él, y sin


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