Page 673 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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—¡Me  ha  querido  matar!  —se  quejó  con  voz

            gorgoteante. —Vuelve a la pelea, soldado —le ordenó


            Gorgo—. Aún queda un punto más.


                  —¡Me rindo! ¡No quiero saber nada de él!


                  —¿Cómo  que  te  rindes?  ¿Le  vas  a  decir  eso  a  tu

            enemigo  en  la  batalla?  ¿Vas  a  tirar  el  escudo  así  y


            abandonar la línea? Cérdidas tosió y escupió. Por fin,

            con un hilo de voz, dijo:


                  —Esto  es  un  deporte.  No  tiene  que  ver  con  la

            guerra.



                  —¡En el ejército de Alejandro todo tiene que ver con

            la  guerra!  ¿Qué  crees,  que  se  ha  inventado  este

            certamen porque se aburría y además le sobraba una


            armadura de oro? ¡Vuelve a la pelea, soldado!


                  Cérdidas miró con ira a Gorgo. Demetrio casi pudo

            leer  sus  pensamientos.  Un  demente  y  una  mujer  lo


            estaban humillando delante de todos sus compañeros.

            Pero el recuerdo de la patada en la entrepierna debió

            pesar más que su soberbia, y se agachó para recoger el


            escudo. Esta vez se dejó llevar por la ira y descargó una

            lluvia de golpes sobre Euctemón, pero éste se limitó a

            manejar el escudo con una economía de movimientos


            que,  teniendo  en  cuenta  que  era  él,  resultaba  casi

            elegante.  Empezaron  a  oírse  entre  los  soldados  los


            primeros gritos de ánimo para Euctemón; después de




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