Page 667 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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saberlo Neo cayó en el hechizo de túnel de sus ojos que

            había  cautivado  a  tantos  hombres—.  Sí,  es  cierto.


            Calano era un sabio que nos siguió desde Taxila. En

            realidad se llamaba Asvaghosa, pero le llamábamos así

            porque  cuando  aún  no  sabía  griego  saludaba  a


            Alejandro diciendo «kalyana». Jamás he visto a nadie

            que  conociera  tanto  sobre  plantas  y  hierbas


            medicinales —añadió dirigiéndose a Cleopatra, y Neo,

            que  había  contenido  la  respiración  mientras  ella  le

            miraba,  soltó  el  aire  por  fin—.  Si  Calano  hubiese


            seguido vivo cuando llegamos a Babilonia, seguro que

            habría curado a Alejandro aún más rápido que Néstor

            cuando  ese  desalmado  de  Casandro  intentó


            envenenarlo. Puedes fiarte de su sabiduría, Cleopatra,

            así que tómate esto.


                  Tras apurar el cuenco, Cleopatra despidió a Neo y


            le dijo que volviera a su cuarto. Al salir de la alcoba, el

            niño  volvió  la  vista  atrás.  Su  madre  ya  no  le  estaba

            mirando, pero Roxana sí. Estaba muy seria y tenía los


            ojos  entrecerrados,  como  si  cavilara  algo.  Pero  al

            instante los abrió y le regaló otra de sus deslumbrantes


            sonrisas.  Neo  subió  la  escalera  pensando  que,  si  los

            dioses  fueran  justos,  harían  un  cambio  de  hijos,  y

            entregarían  a  Ego  a  Cleopatra,  ya  que  tanto  parecía


            apreciarlo, y a él lo dejarían con Roxana.


                  Después  de  aquella  primera  noche  Demetrio  y



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