Page 678 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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o quedándose en casa.


                  El dictador había dejado a Néstor y Clea en manos

            de  sus  hombres  y  se  había  marchado  a  dormir  o  a


            seguir con su borrachera, sin molestarse en hablar con

            ellos  ni  acercarse  a  examinarlos.  Obviamente,  en  su


            juego  de  poder  y  prestigio  ellos  no  eran  más  que

            peones a los que estaba utilizando  para vengarse de

            Gayo  Julio.  Antes  de  salir  de  su  casa  para  la  fiesta,


            Néstor había visto al tribuno exultante, convencido de

            haber obtenido un gran triunfo sobre Papirio y de que

            ya no se le podía escapar el mando de una legión. Pero,


            al  parecer,  Gayo  había  vendido  la  piel  del  gran  oso

            antes de cazarlo.


                  Los Libros Sibilinos. El dado cargado de plomo del


            dictador, y la causa de la perdición de Clea y Néstor. El

            médico los había oído mencionar muchas veces antes

            incluso  de  entrar  en  Roma  y,  como  tantas  cosas  de


            aquella ciudad, le resultaban familiares. Al preguntarle

            por ellos, Julia le había contado cómo llegaron a poder


            de  los  romanos.  Era  una  historia  tan  peregrina  que

            Néstor pensó que por fuerza debía tener algo de cierto.

            Casi trescientos años atrás, una anciana que afirmaba


            ser Amaltea, la Sibila de Cumas, se presentó ante el rey

            Tarquinio el Antiguo y le ofreció nueve libros escritos

            en hojas de palmera. Dichos libros contenían profecías


            y  prescripciones  rituales  que,  según  la  mujer,



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