Page 683 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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griego.
—Mi testamento —respondió Néstor.
El lictor sonrió de lado y le devolvió el rollo y la
clepsidra. A cambio le quitó el anillo de oro que lo
distinguía como Compañero del Rey y se lo puso en el
meñique, ya que tenía los dedos tan gruesos que no le
cabía en ningún otro.
Después trajeron un grueso dogal. Néstor se temió
que ni siquiera esperaran al amanecer para ejecutarlos,
aunque prefería morir ahorcado, por desagradable que
fuese, que enterrado vivo. Pero los lictores cerraron el
nudo corredizo bajo los brazos de Clea y usaron la soga
para bajarla al pozo. La joven dirigió a Néstor una
mirada de mudo pavor mientras desaparecía en la
oscuridad.
—No te preocupes —le dijo No te dejaré sola.
Y, en efecto, cuando Clea se desató y los lictores
recobraron la cuerda, le ataron también a él y lo
bajaron. Apenas había pasado la cabeza por la abertura
cuando sus pies toparon con el suelo. Aflojó el nudo
como le indicaron y se soltó la cuerda. A la luz de las
antorchas de la sala de arriba, vio que se encontraban
en una celda circular, con las paredes formadas por tres
hileras de enormes sillares unidos sin argamasa.
Calculó que medía unos quince codos de diámetro y
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