Page 715 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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largo de los siglos algunas familias habían burlado las
prohibiciones de la ley y habían acumulado tierras y
riquezas, mientras que otras se arruinaban y sus
descendientes se convertían en espartanos de segunda
clase, muchos de los cuales servían como mercenarios
ahora en el ejército macedonio. Alejandro había
escogido a cuatrocientos jóvenes de las familias más
privilegiadas, y además había tenido buen cuidado de
que todos fuesen solteros, sin hijos y sin hermanos
varones. Así, en caso de morir, sus linajes se
extinguirían. Era la mejor forma de garantizarse el
buen comportamiento de una ciudad cuyo principal
problema era la escasez de auténticos espartanos.
Obviando el hecho de que era un rehén, el joven
Areo parecía contento de estar en Posidonia. Por su
temperamento y su edad, era más proclive a las
aventuras militares que Eudámidas, el rey que se había
quedado en Esparta. Y Alejandro estaba trabajando a
conciencia para seducirlo. De momento, si la primera
cena había sido en la mansión de Posidonia, la segunda
se celebraba en el gran pabellón de Darío, y Alejandro
había hecho traer a la sala donde cenaban el mobiliario
más exquisito. Lisanias había oído que a los espartanos,
acostumbrados a una vida tan sobria y a un régimen
tan cerrado que periódicamente decretaba expulsiones
de extranjeros, se les abrían los ojos como platos
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