Page 718 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
P. 718
divanes empezaban a recordar a las pinturas de ciertas
piezas de cerámica que no se debían enseñar a mujeres
decentes, Alejandro se levantó y le hizo una seña a
Lisanias para que le siguiera.
Tras atravesar un pequeño laberinto de cortinas,
llegaron a la estancia privada de Alejandro. Los
gemidos y jadeos de la fiesta seguían llegando a través
de las paredes de tela. Lisanias, que había bebido algo
más de lo que tenía por costumbre, se dio cuenta de que
estaba excitado. Alejandro se había sentado ante su
escritorio para consultar unos documentos. El joven se
puso detrás de él y le masajeó el cuello y los hombros.
—Gracias, Lisanias —dijo él con voz distraída—. Es
muy relajante.
Al cabo de un rato, desesperado de conseguir algo
más, Lisanias se asomó sobre la cabeza de Alejandro
para ver qué hacía. Tenía desplegado en la mesa un
mapa sobre el que movía pequeñas cuentas de colores
para representar las unidades del ejército.
El mapa era una maravilla. Estaba basado en los
informes de exploradores, espías y cartógrafos a los
que Alejandro había enviado al norte. Gracias a sus
datos, Dicearco había trazado un primer boceto
ajustando al máximo las coordenadas y las
proporciones. Después, el rey le había entregado ese
bosquejo al pintor Etión para que lo completara. El
718

