Page 721 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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Encelado,  de  entre  veinte  y  veinticinco  estadios  de

            ancho. Espacio suficiente para desplegarnos.


                  —Pero ¿subiendo al norte no hay más espacio? —


            dijo  Lisanias,  señalando  con  el  dedo  en  dirección  a

            Nola—. No será por falta de llanura.


                  —Prefiero no dejar las ciudades griegas detrás de


            mí. Cuando caigan los romanos, nos abrirán los brazos.

            Pero  mientras  no  se  sepa  quién  va  a  ser  el  amo  de

            Campania, son capaces de apuñalarnos por la espalda.


                  —¿Y los romanos aceptarán la batalla?



                  —Eso creo. Es un lugar de buen agüero para ellos.

            Allí derrotaron a los latinos en una batalla en la que

            uno  de  sus  cónsules  hizo  ejecutar  a  su  hijo  por


            incumplir sus órdenes. El otro cónsul sacrificó su vida

            arrojándose a caballo contra la infantería enemiga para


            cumplir un oráculo que les auguraba la victoria sólo si

            uno de los dos cónsules caía en la batalla.


                  —Suena como en las Termópilas, cuando se dijo que

            nuestra ciudad se salvaría sólo si uno de los dos reyes


            se sacrificaba.


                  Areo  pasó  a  través  de  la  cortina,  ajustándose  el

            cíngulo  de  la  túnica.  Lisanias  le  puso  la  mano  en  el


            hombro a Alejandro y apretó con los dedos para girarle

            hacia el rey espartano.


                  —¿Te has cansado de la fiesta?



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