Page 722 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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—Puede que la siga más tarde con Nerea. Es una

            muchacha  muy  hermosa,  Alejandro.  Y  te  lo  dice  un


            espartano,  con  la  fama  que  tienen  nuestras  mujeres.

            Pero quería saber el porqué de tanta amabilidad.


                  —Somos  reyes  los  dos,  Areo.  Es  lógico  que  nos


            tratemos con cortesía.


                  Lisanias  le  acercó  un  taburete  al  espartano  y  le

            ofreció vino.


                  —Gracias, sólo agua. Creo que ya he bebido más

            que suficiente. —Y añadió dirigiéndose a Alejandro—:


            ¿De veras es sólo hospitalidad?


                  Lisanias, con el pretexto de enrollar el mapa, apartó

            los  candelabros  para  que  el  rostro  de  Alejandro


            quedara en la sombra y Areo no pudiera verle los ojos.


                  —Mentiría si te dijera que es un favor gratis —dijo

            el rey macedonio.


                  —¿Qué quieres de mí, Alejandro?


                  —Sé que los espartanos no combatís de buen grado


            en mi ejército.


                  —Debes disculparnos. Llevamos siglos mandando

            a  los  aliados  y  dirigiendo  las  campañas.  Dejarnos


            gobernar por otros es una sensación nueva a la que aún

            debemos acostumbrarnos.


                  —Lo sé. Pero corren tiempos turbulentos.





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