Page 743 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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que a Pérdicas.


                  —Te has dejado convencer muy fácilmente. ¿Dónde

            está tu amor a la gloria?



                  —En  esta  misión,  él  es  mi  superior  —masculló

            Pérdicas.


                  —¿Desde cuándo eso basta para callar a un noble

            macedonio? Te has portado como un mal pagador de


            taberna, que esconde las monedas en cuanto otro hace

            ademán de pagar la ronda.


                  —¿Acaso  me  estás  llamando  cobarde?  Mira  que


            aunque estés desarmado...


                  —Mientras  ande  yo  cerca,  él  no  está  nunca

            desarmado  —dijo  Mirmidón,  con  el  tono  grave  y


            peligroso de un león ronroneando al sol.


                  —Sé que no eres ningún cobarde, Pérdicas —dijo

            Néstor—. Pero tal vez no te parezca digno de tu carrera

            morir  aquí,  en  una  playa  desierta  como  ésta,  sin


            testigos de tu gloria. ¿Te parece digno que en cambio

            muera Crátero?


                  Pérdicas se acercó aún más, tanto que sus piernas se


            tocaron, y susurró:


                  —Por supuesto que no me parece digno, y menos si

            eso significa morir por ti y por esa furcia del pelo rojo.


            —Al ver que Néstor se quedaba sin palabras, sonrió y

            añadió—: Sí, médico, lo sé. Por mí, os enfrentaríais los


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