Page 746 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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—¿En línea? ¿No en cuña?


                  —Hoy se trata de cubrir el mayor terreno posible,

            Polemón, no de atravesar la formación enemiga.



                  Mientras  los  jinetes  se  desplegaban  en  una  larga

            línea,  Crátero  miró  hacia  su  derecha,  donde  se

            levantaba la ladera del monte. Después se volvió hacia


            los cuarenta Compañeros y paseó ante ellos.


                  —¿Veis cuánta distancia hay entre esta montaña y

            el  mar?  No  puede  ser  más  de  un  estadio.  Un  lugar

            perfecto  para  detener  a  los  enemigos.  ¿Qué  digo


            perfecto? ¡Cojonudo!


                  Los Compañeros se rieron. Crátero siempre había

            tenido la virtud de decir las palabrotas con gracia.



                  —Matad a todos los caballos que podáis, hijos míos.

            Se lo merecen menos que esos gorrinos que llevan a

            cuestas, pero tenemos que darles a nuestros camaradas


            la oportunidad de huir. —Crátero miró hacia el norte.

            Ya incluso él distinguía a los jinetes individuales. Eran

            muchos, sí. Más del doble que ellos, quizá el triple. Se


            volvió  de  nuevo  hacia  los  suyos—.  ¡Macedonios!

            ¡Compañeros del Rey! ¡Compañeros míos!


                  —¡Estamos contigo, Crátero! —gritó Lincestias, uno


            de  los  pocos  del  grupo  que  había  luchado  en

            Gaugamela.


                  —¡Éstas  serán  nuestras  Termópilas!  —prosiguió



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