Page 744 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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dos solos con esos romanos, pero ya no tiene remedio.


                  Mientras  ellos  discutían  en  voz  baja,  Crátero  se

            dirigió a los cuarenta hombres que se quedarían con él.



                  —A  nosotros  nos  toca  la  misión  más  fácil  y

            descansada, una que se puede resumir en una palabra.

            ¡Luchar!  —Después  se  volvió  hacia  los  demás  y  les


            dijo—: ¿Qué hacéis aquí todavía? ¡Marchaos ya!


                  Antes  de  volver  grupas  para  alejarse,  Pérdicas

            levantó la lanza sobre su cabeza y saludó a Crátero.


                  —¡Acaba con ellos rápido, viejo amigo! ¡Nos vemos


            en Posidonia!


                  —¡Ponme  una  jarra  de  vino  a  refrescar!  Y  ahora,

            ¡largo de aquí!


                  Néstor  se  había  quedado  demudado  por  las


            palabras de Pérdicas, pero no podía irse sin despedirse

            de  Crátero.  Mientras  los  demás  emprendían  ya  un

            ligero trote hacia el sur, él se acercó un momento a él y


            le estrechó la mano.


                  —Ha sido un honor conocerte, Crátero.


                  —Para  mí  también,  Néstor,  hijo  de  tus  propias

            obras.  Salva al rey  y haz  que nuestro sacrificio sirva


            para algo.


                  —Cuando  esta  noche  cenes  con  las  almas  del

            infierno, general —intervino Mirmidón, sin el menor





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