Page 745 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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sarcasmo—, ¿puedes darles un recado de mi parte?
—¿Cuál?
—Diles que ya no tendrán que esperar mucho más
tiempo al Mirmidón. ¡Suerte en tu viaje, general!
Ambos volvieron grupas y talonearon a sus caballos
para alcanzar a los demás. Néstor se dio cuenta de que
tenía los ojos llenos de lágrimas, pero tal vez era por la
brisa del mar y el aire de la cabalgata.
Condenado Pérdicas. Por supuesto que Crátero no
tenía ningunas ganas de morir, pero la elegancia y el
decoro exigían cierto protocolo. Al menos tenían que
haber insistido tres veces cada uno antes de que se
decidiera a delegar en Pérdicas y dejarlo allí. Pero ya
no tenía remedio, y ahora iba a morir en una playa
perdida en un país extraño.
Los cascos de los caballos enemigos ya se oían como
tambores cada vez más cercanos. Crátero se volvió
hacia un oficial llamado Polemón y le dijo:
—Tú que tienes mejor vista que yo, ¿se les ven ya
las caras?
—Aún no. Veo a los caballos y los jinetes, pero no
distingo mucho más.
—Eso es que aún están a más de ocho estadios. Haz
que los hombres formen en línea.
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